Esta práctica de yoga para conectar con el cuerpo y la respiración nos lleva de la calma inicial al movimiento suave, con una idea muy clara: sentir más y forzar menos. Veronika Vernal propone una sesión completa para liberar tensiones, activar el cuerpo con cuidado y mantener la atención en cada sensación.
Empezamos con una meditación sencilla, centrada en la respiración y en lo que percibimos a través de los sentidos. Poco a poco, llevamos la conciencia al cuerpo, como si encendiéramos una luz interior que nos ayuda a notar cómo estamos sin montar un drama por ello. Ese primer paso marca el tono de toda la práctica.
A partir de ahí, la sesión avanza con movimientos suaves y progresivos que siguen el ritmo de la respiración. Movilizamos articulaciones, despertamos el cuerpo y trabajamos flexibilidad y fuerza sin entrar en la lógica de cuanto más, mejor. Aquí manda la calidad del gesto, no la obsesión por llegar más lejos.
También aparecen posturas de apertura, estiramientos laterales, torsiones, extensiones de columna y equilibrios. Todo se plantea de forma adaptable, para que cada persona respete sus límites y pueda ajustar la práctica a su nivel. La atención plena acompaña cada transición, y se deja fuera el juicio para que el movimiento tenga espacio y sentido.
La respiración actúa como hilo conductor durante toda la sesión. Nos ayuda tanto a activar como a soltar, y convierte cada postura en una parte de algo más amplio que no va solo de estirar el cuerpo, sino de habitarlo con más calma.
Al final, llegamos a savasana, una relajación profunda en la que soltamos por completo y observamos la respiración tal y como viene. Para darle un toque lúdico a esta experiencia, podemos convertir cada postura en un pequeño reto de sensaciones: notar una zona del cuerpo, contar respiraciones o identificar cuándo afloja la tensión. Y si queremos seguir explorando este tipo de propuestas, podemos visitar JeiJoLand.