JlA 9×69 Quien decide el bien y el mal

Hoy nos preguntamos, con calma y sentido práctico, quien decide el bien y el mal. Depende del punto de vista, de los marcos que usamos y de como repartimos el poder de nombrar.

Arranquemos por lo grande. En ética cotidiana, las normas no caen del cielo ni se escriben en piedra. Cambian con la cultura, la historia, la experiencia y hasta con los intereses en juego. Lo que para unas personas es progreso, para otras es pérdida. Si el valor de una acción varía con quien mira, hablamos de relatividad moral y de la importancia del contexto.

Pensemos en ejemplos cercanos. Abrir una panaderia trae empleo y variedad para el barrio, pero para la panaderia de la esquina puede suponer menos ventas. Una organizacion de ayuda puede aliviar hambre y a la vez generar dependencia no deseada. La energia solar reduce emisiones y choca con quienes viven del petroleo. Curar una enfermedad es una buena noticia para la familia humana y una catastrofe para el virus. Incluso la fantasia pop nos lo recuerda con cierto villano que elimina la mitad del universo convencido de que salva recursos.

En nuestras charlas sobre Pluribus aparece otro caso potente. Unir a toda la humanidad en una sola mente podria acabar con guerras, soledad y desigualdad emocional. Suena a compasion. A la vez, supondria borrar identidades, libertad y diversidad. Segun donde nos situemos, lo vemos como cuidado o como borrado. Las dos miradas tienen razones de peso.

De ahi salta el gran dilema: ayudar sin permiso. Si creemos que una accion mejora la vida de alguien, esta justificado imponerla contra su voluntad. Que hacemos con la persona que no quiere tratamiento. Hasta donde llega el paternalismo bienintencionado y donde empieza el respeto a la autonomia. Nuestra escala moral es propia, no universal. Por eso conviene preguntarnos no solo si algo es bueno, sino para quien, a que coste y con que consentimiento.

No buscamos una respuesta final. Buscamos entrenar la cabeza y el corazon. Dudar sin paralizarnos. Escuchar con curiosidad. Mirar los matices. Cuando abrimos ese espacio, debatimos mejor, tomamos decisiones mas conscientes y rebajamos el volumen del juicio rapido.

Propuesta de juego: durante una semana elegimos cada dia un dilema real, lo miramos desde tres roles distintos y damos un punto por cada argumento que incluya consentimiento explicito.

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