Gracias por comprar el calendario solidario: con gestos así se mueve el mundo un poquito. Y sí, lo decimos alto y claro, la participación de Iván ha sido clave para que saliera adelante.
Cuando empezamos un negocio, nos asalta la gran duda: cómo transmitir autoridad al iniciar un negocio sin parecer que estamos vendiendo humo. La idea es simple y tranquilizadora: la autoridad no nace de un currículo infinito ni de una web con fuegos artificiales, sino de la experiencia real que ya traemos en la mochila.
Al principio tendemos a pensar que necesitamos un logo perfecto, una paleta de colores finísima y una lista de títulos que impresione. Todo eso suma, vale, pero no es lo que de verdad convence. Lo que genera confianza es que la gente entienda que ya hemos resuelto problemas parecidos antes, aunque fuera en otro sector, en una empresa, en prácticas, como voluntariado o en proyectos propios.
Aquí manda el relato personal. No para soltar nuestra biografía entera, sino para contar bien lo relevante. Una buena narrativa convierte esa experiencia previa en una historia fácil de creer y de recordar. En vez de decir tenemos experiencia, mostramos una escena: qué vimos, qué hicimos, qué aprendimos y qué resultados conseguimos. Y lo contamos con palabras normales, de persona a persona.
Un ejemplo muy claro es el de un periodista que decide montar un servicio nuevo. En lugar de esconder su pasado, lo pone en el centro: años cubriendo temas complejos, entrevistando a gente difícil, entregando a cierre, aprendiendo a sintetizar y a detectar lo importante. De repente, su propuesta ya no suena a improvisto, suena a evolución lógica. Esa historia, bien contada, proyecta autoridad sin necesidad de inflar nada.
Si queremos captar clientes desde el minuto uno, debemos saber cómo transmitir autoridad, y nos vendría bien hacer este ejercicio: listar experiencias concretas y traducirlas a beneficios. Qué problemas hemos manejado, en qué contextos, con qué herramientas, con qué ritmo de trabajo y qué impacto tuvimos. Luego lo convertimos en textos cortos para la web, una presentación, una propuesta o una conversación en una reunión. Y repetimos el mensaje con coherencia, sin recitarlo como un robot.
Propuesta de gamificación: jugamos a la mochila de logros. Escribimos diez cartas con experiencias reales, en cada una anotamos reto, acción y resultado, y luego combinamos tres cartas para crear nuestro mejor relato en menos de un minuto.
Si queremos más ideas para aprender jugando y comunicar con personalidad, nos vemos en JeiJoLand.