JlA 10×94 Barómetros históricos: del mercurio a las sanguijuelas

Los barómetros históricos nos enseñan algo muy simple: si cambia la presión atmosférica, suele cambiar también el tiempo. Catherine Ross, Head Archivist del Met Office, repasa algunos diseños curiosos y explica cómo ayudaban a leer el cielo mucho antes de tener previsiones en el móvil.

El ejemplo más conocido es el barómetro de mercurio. Cuando la presión sube, el mercurio asciende y suele apuntar a buen tiempo; cuando baja, nos avisa de que se acerca mal tiempo. Parece poca cosa, pero en su día era una pista valiosísima para saber qué podía pasar fuera.

Para usarlo en barcos, algunos modelos se montaban sobre un gimbal, un soporte que los mantenía verticales aunque la nave se balanceara. Así podían medir con precisión sin que el vaivén del mar les jugara una mala pasada.

Después aparece el barómetro Fitzroy, ligado a Robert FitzRoy, fundador del Met Office y pionero de la predicción meteorológica. Ross explica que este diseño estaba pensado para pescadores sin formación meteorológica y resumía la lectura de forma muy práctica: si la presión bajaba despacio, se acercaba un sistema de baja presión más duradero; si caía rápido, era más probable una tormenta fuerte, pero breve. Estos aparatos se colocaban en espacios públicos para ayudar a decidir si era seguro salir al mar.

Y luego está la rareza máxima: un barómetro que no usa mercurio, sino sanguijuelas medicinales. Según Ross, estas criaturas notan las caídas de presión y suben cuando se aproxima lluvia o mal tiempo. Al moverse, activan un mecanismo que hace sonar una campana. El diseño fue obra de George Merriweather en mil ochocientos cincuenta y uno y se presentó en la Gran Exposición. Fue una idea tan victoriana como ingeniosa, aunque no acabó convirtiéndose en un sistema habitual de predicción.

Podemos imaginarnos un pequeño reto de observación: comparar tres formas distintas de leer el cielo y acertar cuál habría sido más útil para un pescador, cuál para un barco y cuál solo nos habría dejado con cara de sorpresa. Si nos apetece seguir explorando inventos curiosos como este, podemos visitar JeiJoLand.