La inteligencia artificial no da resultados por arte de magia: depende mucho de cómo la usemos. Rodolfo Carpintier recuerda que, aunque la IA está de moda, la mayoría de las personas la emplea de forma superficial y no saca partido a todo lo que puede ofrecer la inteligencia artificial.
Su experiencia empieza como la de tantos otros: primero con la versión gratuita de ChatGPT, luego con la de pago y, más tarde, probando otras plataformas como Perplexity, Claude o Gemini. La clave, según explica, no está en quedarse con una sola herramienta, sino en comparar respuestas y ver cuál encaja mejor en cada tarea.
Al principio, la IA le servía casi como un buscador con truco, algo parecido a Google pero con más conversación. Con el tiempo, y sobre todo al dedicarle horas, fue descubriendo funciones más útiles y formas distintas de trabajar. Ese cambio no llegó por casualidad, sino por insistir, probar y aprender un poco cada día.
Aquí está el matiz importante: no hace falta entenderlo todo desde el minuto uno, pero sí reservar tiempo para ir familiarizándonos con estas herramientas. Carpintier propone empezar con media hora o una hora al día durante una etapa inicial. Puede parecer mucho, pero es justo lo que marca la diferencia entre usar la IA de pasada o usarla de verdad.
La idea es sencilla. Si probamos, comparamos y afinamos, los resultados mejoran. Si la usamos como si fuera una caja mágica que resuelve todo sola, nos quedamos a medias. La utilidad aparece cuando metemos un poco de curiosidad y otro poco de práctica, que tampoco viene mal.
Podemos convertirlo en un reto sencillo: durante una semana, comparar la misma consulta en dos herramientas distintas y anotar cuál responde mejor y por qué. Así aprendemos jugando, sin complicarnos demasiado.
Si queremos seguir explorando ideas así, nos pasamos por JeiJoLand.