JlA 7×76 Repensando el Sistema Penal: Abolición de Policía y Prisiones

La conversación sobre la abolición de la policía y las prisiones ha cobrado impulso notablemente desde el fatídico suceso del asesinato de George Floyd en el año dos mil veinte. Lo que antes se veía como una idea radical, ahora ha encontrado su espacio en el panorama del debate social. Angela Davis, en su obra «Our Prisons Obsolete», pone de relieve cómo las prisiones están tan asentadas en nuestra percepción que resulta difícil imaginar un mundo sin ellas. Esto es curioso, considerando que las prisiones en su forma moderna solo se instauraron en el mundo occidental hacia finales del siglo dieciocho.

El sistema penal tal y como lo conocemos hoy se sustenta en una serie de teorías. Jeremy Bentham, por ejemplo, sostenía que el castigo tiene como objetivo principal la disuasión del delito, una disuasión que podía lograrse mediante penas severas o a través del encarcelamiento y la vigilancia constantes. Apoyado en su concepto del panóptico, Bentham puso sobre la mesa la idea de que la vigilancia continua terminaría por inducir a las personas a autocontrolarse. Michel Foucault tomó esta noción y la expandió para hablar de un sistema más extenso de control social, donde la vigilancia es absorbida y internalizada por las personas.

Dentro de la justicia penal, encontramos tres categorías distintas: la retributiva, la reformativa y la restaurativa. La justicia retributiva busca devolver a las víctimas el «ojo por ojo, diente por diente»; es decir, se centra en la venganza. La reformativa, en cambio, prioriza en cambiar el comportamiento del delincuente, mientras que la restaurativa intenta reparar el daño en las relaciones sociales inmediatas, buscando la sanación a través de enfrentar a delincuentes con sus víctimas.

Quienes critican el sistema carcelario a menudo argumentan que las prisiones no resuelven problemas, sino que los agravan. Situaciones como el hacinamiento y el aislamiento dentro de las cárceles a menudo terminan siendo impedimentos para la adecuada reintegración de quienes han purgado sus penas. La abolición de las prisiones podría implicar una reducción de la encarcelación como solución primaria y abrir paso a alternativas como los programas de salud mental y la justicia restaurativa.

No obstante, no todos abogan por una abolición total. Hay quienes sostienen que en algunos casos es necesario mantener el uso de las prisiones, principalmente para aquellos individuos que han cometido crímenes violentos y suponen un peligro real para la sociedad.

Con todo este contexto podemos repensar el futuro del sistema penal, imaginar nuevas formas de abordar el crimen y la justicia. Este ejercicio mental es vital para construir un mundo que aspira a ser más justo y equitativo.

¿Y si jugamos a imaginar? Podríamos crear un juego de rol donde cada participante asuma el papel de uno de los agentes en el sistema de justicia —víctima, delincuente, abogado, juez— y se enfrenten a un caso ficticio. A través del juego, explorar las diferentes formas de justicia podría incentivar el aprendizaje y la empatía entre los jugadores.

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